Las Alpacas se domesticaron en el Perú hace aproximadamente seis mil años. Son miembros de la familia de los Camélidos Sudamericanos, junto con la Llama, que también es doméstica, y la Vicuña y el Huanaco que son silvestres.

Durante la época pre-hispánica las Alpacas poblaban buena parte de lo que hoy es el Perú y proveían de carne, pieles y fibra a la numerosa población Incaica. Con la llegada de los Españoles se introdujeron ovejas, vacas y caballos en el nuevo mundo y las Alpacas, a quienes se les llamó “ovejas de cuello largo”, fueron relegadas a las zonas de mayor altura en las montañas, donde el pasto es pobre y el acceso largo y tedioso.

Actualmente existen unos cuatro millones de Alpacas la mayoría en manos de pequeñas unidades de producción familiar, de las cuales existen en el Perú varias decenas de miles. Las Alpacas constituyen el principal sustento de estas familias por la venta de su fibra. Se crían junto a las Llamas, ovejas y otros animales menores en condiciones precarias y sin tecnología alguna. Como resultado, la calidad genética de estos animales se ha deteriorado enormemente y los índices productivos son sumamente pobres. Existe muchísima mortalidad y la fertilidad es baja. Hay entonces un amplio campo para trabajar en la mejora genética, en especial en lo referente a la calidad de la fibra.